Comimos palomitas y disfrutamos del espectáculo. Había una trapecista, un hombre en la cuerda floja, dos payasos, bailarinas, una chica que se vestía muy rápido, y lo que más me gusto fueron los caballos. Me encantó la escena en la saltaban, se arrodillaban y se ponían de pie. Lo que más me gusta del circo es que hacen lo que nadie haría, eso sí, se concentran mucho para que le salga bien. Me gusta ver como la gente clava sus miradas en ellos, esperan, se entusiasman y piensan que no lo lograrán. Lo más bonito de un circo es que aunque estemos tristes, enfadados o preocupados, saben como dibujarnos una sonrisa en nuestro rostro . Porque en eso consiste un circo, hacernos felices.
Esto lo que vimos:



!Qué bonita experiencia! Una tarde de circo.
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